La importancia de las aguas subterráneas, tanto para el abastecimiento público como para el privado, es incuestionable. En el continente iberoamericano, fue estimado que en 1987 más de 100 millones de personas utilizaban este recurso. El número que crece cada día, como consecuencia de la rápida urbanización y de la expansión económica que experimentan los países de la Región, así como de las relativas ventajas que presenta el uso de este recurso con relación al de las aguas superficiales.
Pero, si bien es absolutamente real la importancia que tienen las aguas subterráneas, la misma no es tomada muchas veces en consideración para el mantenimiento de su calidad natural. Pocos países del continente poseen algún tipo de política que asegure la protección de ese recurso contra la contaminación y la sobreexplotación, lo cual resulta agravado por el hecho de que en un acuífero seriamente contaminado nunca más podrá ser restablecida su calidad natural.
Sobre la base de esta realidad, se deriva la necesidad de que los países del continente inicien un programa sistemático de protección de acuíferos, pues de no hacerse así puede ser inminente la pérdida del recurso y de las inversiones hechas en el mismo. Para esto debe tenerse muy en cuenta que para una administración ambientalmente segura de las aguas subterráneas, la mejor práctica es proteger el recurso antes de su contaminación.
Los países de Norte América y de Europa tienden a optar por la creación de programas de protección de las aguas subterráneas ante la contaminación antrópica basados en el establecimiento del perímetro de protección de pozos (PPP, Wellhead Protection Areas), o en la cartografía de la vulnerabilidad de los acuíferos. El primero, que tiene como centro del estudio el pozo de abastecimiento, presenta como su principal objetivo el establecimiento de una zona alrededor del mismo, mientras que en el segundo, más amplio, se debe definir la susceptibilidad del acuífero a la contaminación a través de mapas de vulnerabilidad, así como mediante la determinación de la importancia del acuífero para el abastecimiento público o privado.
Tanto una técnica como la otra presentan restricciones para una real protección del recurso hídrico subterráneo. Algunas de las mayores restricciones de la técnica del PPP son las incertidumbres y dificultades objetivas para la obtención de datos confiables de la dinámica de los acuíferos. La cartografía de la vulnerabilidad, aunque mucho más flexible, no presenta la exactitud necesaria para establecer una protección efectiva de los puntos de captación. Por lo tanto, una posible estrategia debe hacer uso coordinado de los dos mecanismos, tomando también en consideración el control de la ocupación territorial. En el presente trabajo, luego de un análisis crítico destinado al establecimiento de las limitaciones y ventajas de cada una, se presentan algunas estrategias que permiten el uso conjunto de estas técnicas, siempre bajo la óptica de una aplicación dentro de la realidad del continente iberoamericano.
Cartografía de vulnerabilidad de acuíferos
El concepto de vulnerabilidad de acuíferos, aplicado a la contaminación antrópica, es una de las vías más adecuadas para encarar la preservación de la calidad de los recursos hídricos subterráneos. Establecer una actividad humana en función de la capacidad del medio de soportarla, o sea, en cuánto se puede atenuar la carga contaminante, es tener una comprensión de las características naturales del terreno para realizar una ocupación ambientalmente responsable.
La vulnerabilidad de un acuífero puede ser determinada bajo varios aspectos. Muy a pesar de que sea comúnmente asociada a la susceptibilidad de un determinado acuífero o parte de un acuífero a ser degradado por una cierta actividad antrópica, su empleo se diversifica en atención al contexto donde se inserte.
Algunos profesionales entienden que un acuífero vulnerable es aquel en el que la población hace o hará un uso intenso como fuente de agua potable. La vulnerabilidad, vista así, no se disociaría del concepto de recurso, y los diferentes grados de vulnerabilidad serían definidos sobre la base de la disponibilidad de fuentes alternativas y mediante el análisis de los costos sociales y económicos inherentes a los programas de tratamiento del acuífero y a la búsqueda de fuentes alternativas.
Desde el punto de vista científico-técnico, la vulnerabilidad es función de las características hidrogeológicas y geoquímicas. De esta forma, aquellos acuíferos que posean mecanismos hidráulicos o físico-químicos que atenúen una carga contaminante antrópica pueden ser clasificados como de baja vulnerabilidad. Resulta importante destacar que este concepto se asocia a la degradación de las aguas para un determinado uso y no solamente a las alteraciones de sus cualidades naturales.
Una tercera línea, resultante de estas dos primeras, ha sido presentada por otros autores (USEPA, 1984 in CANTER et al., 1987). Los acuíferos norteamericanos, por ejemplo, son agrupados en tres clases de vulnerabilidad, donde la definición de cada una se encuentra asociada a las características hidráulicas, la dificultad de sustitución por fuentes alternativas y a las propiedades ecológicas vitales que desempeñan, tal como el mantenimiento del nivel de base de sistemas biológicos frágiles (CANTER et al., 1987).
Métodos para la determinación de la vulnerabilidad de las aguas subterráneas
Aunque la vulnerabilidad del acuífero es un concepto de fácil comprensión, no ocurre lo mismo con su aplicación práctica. Para que su cartografía sea factible, la complejidad geológica obliga a la simplificación de algunos parámetros hidráulicos y físico-químicos. El cuadro 1 indica cuales son los datos idealmente requeridos y sus principales expresiones matemáticas, mostrándose además los datos normalmente disponibles mediante los estudios detallados, así como por las generalizaciones al nivel de reconocimiento de campo (escala < 1:50.000). como puede notarse, algunos parámetros son función del tipo de contaminante, tal como el coeficiente de distribución kd y el coeficiente de decaimiento (degradación biológica o radioactiva). eso hace que un método que realmente pueda describir la vulnerabilidad de un acuífero tenga que ser específico para cada tipo de contaminante.
La cartografía de la vulnerabilidad de acuíferos debe analizar las características de la zona no saturada que: i) modifiquen el tiempo de llegada de contaminantes al acuífero (geometría del acuífero: tipo de acuífero, recarga-descarga y distancia del nivel de agua; advección; y retardo); y ii) reduzcan la concentración del contaminante (dispersión y degradación). Los contaminantes deben ser analizados según su persistencia, movilidad y toxicidad.
Una excelente evaluación de métodos y conceptos de vulnerabilidad fue hecha por Vrba & Zaporozec (1994).
Cuadro 1. Parámetros idealmente requeridos y datos comúnmente disponibles para la caracterización de la vulnerabilidad de un acuífero (HIRATA, 1994).
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HIRATA (1994) ha concluido que la geometría del acuífero es el principal factor para la cartografía de la vulnerabilidad, independientemente del contaminante relacionado. Las zonas de descarga próximas a los ríos, por ejemplo, permiten la dispersión del penacho contaminante, por la concentración de diferentes tubos de flujo, y podrían ser utilizadas para atenuar la acción de contaminantes muy persistentes, móviles y en bajas concentraciones. Otra situación resulta ser el bombeo de acuíferos multicapa donde la concentración de contaminantes no es homogénea. En estos, la explotación selectiva de los diferentes niveles puede permitir extracciones de aguas con concentraciones aceptables, dependiendo de la toxicidad de los compuestos.
Para sustancias poco persistentes y poco móviles (microorganismos patogénicos, por ejemplo) el tiempo de llegada al acuífero es un factor importante. Para esos compuestos, la advección y el retardo son elementos claves para la definición de la vulnerabilidad. Por lo contrario, para compuestos muy persistentes y móviles (sales inorgánicas, por ejemplo), tales parámetros resultan poco significativos, ya que la contaminación del acuífero será función del tiempo. Con relación a estos compuestos, la dispersión puede jugar un papel importante en una cartografía de la vulnerabilidad, sobretodo asociado a las áreas de recarga, aunque de difícil estimación. En algunos casos, una cartografía de la vulnerabilidad para compuestos persistentes y móviles tiene poco significado práctico (Foster 1987), una vez que la contaminación ocurrirá y dependerá solamente del tiempo.
Muchos compuestos presentan un comportamiento variable, en función de las características físico-químicas del medio. La desnitrificación o la movilidad de metales pesados pueden servir de ejemplo. Lamentablemente, una cartografía que destaque estos parámetros resulta extremadamente difícil, debido a la falta de datos.
Autores como SELLER & CANTER (1980), LE GRAND (1983) y CARTER et al. (1987) han sugerido el desarrollo de varios mapas de vulnerabilidad para determinados contaminantes, presentados en forma de atlas. Aunque este procedimiento puede encarecer los trabajos, y de cierta forma dificultar la interpretación ambiental, sus resultados tienen mejor significado desde el punto de vista científico-técnico. Otra aproximación sería el desarrollo de métodos que analicen solamente un tipo de actividad contaminante (como por ejemplo, tanques de combustible enterrados).
Tal procedimiento, sin embargo, tropieza generalmente con la inexistencia de informaciones y/o datos adecuados. Consecuentemente, otros autores (ALBINET & MARGAT, 1970; HAERTLÉ, 1983; ALLER et al., 1987; FOSTER & HIRATA, 1988; HIRATA et al., 1991) han sugerido el uso de sistemas menos refinados y más generales, tal como la construcción de un mapa de la vulnerabilidad universal, es decir, para todos los contaminantes.
El cuadro 2 muestra los diferentes métodos de cartografía de la vulnerabilidad de acuíferos, describiendo sus objetivos principales y los parámetros a determinar.
Para representar la posible complejidad, algunos autores han incluido varios parámetros en sus métodos (HAGERTY, et al., 1973; PHILLIPS, et al., 1977; KULF et al., 1980), que reunidos muchas veces bajo la forma de multiplicación o de adición, pierden su significado físico. La utilización de muchos factores, sumando o multiplicando la incertidumbre en la información, hacen que la posibilidad de errar sea elevada. En otras ocasiones, los métodos requieren informaciones detalladas de pocos puntos, olvidándose que la variación espacial de los parámetros es mucho más importante.
Cuadro 2. Principales métodos para la determinación de la vulnerabilidad y del riesgo de contaminación de acuíferos.
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De esta forma se puede entender que los métodos cartográficos de la vulnerabilidad resultan más eficaces cuando se cubre una gran área, analizando un número relativamente grande de actividades potencialmente contaminantes y un reducido nivel de información, o también en áreas donde la complejidad geológica resulta muy alta.
Una gran ventaja de los métodos de vulnerabilidad es que en muchos de ellos se pueden utilizar datos cualitativos, permitiéndose así el trabajo con intervalos de valores bastante amplios, al contrario de lo que sucede con las técnicas computacionales. El uso de la probabilidad estadística en la determinación de los parámetros que afectan el transporte de contaminantes y la determinación del impacto de degradación ambiental ha sido introducida en los modelos matemáticos de simulación, posibilitando flexibilizar los valores absolutos que antes eran usados (técnica de Monte Carlo, por ejemplo). Sin embargo esas técnicas solamente pueden ser aplicadas donde ya existe un conocimiento detallado de la hidráulica del acuífero, limitando esto su alcance práctico (FOSTER et al., 1992). Por otro lado, la flexibilidad puede acarrear que muchos métodos de determinación de la vulnerabilidad tengan poca objetividad, al ser función de la experiencia del hidrogeólogo, de difícil reproductividad.
HIRATA (1993) entiende que, en muchos casos, un inventario de las actividades contaminantes, acompañado de una definición clara de los compuestos químicos implicados, los procesos desarrollados y las formas de distribución de las materias primas y los residuos, se vuelve más importante que la propia determinación de la vulnerabilidad dentro de un estudio de peligro de contaminación de acuíferos.
Perímetros de protección de los pozos
Restringir el uso del terreno que circunda a una fuente de captación de aguas subterráneas es una de las formas más antiguas de protegerla en contra una contaminación indeseada. Las primeras experiencias en este sentido ocurrieron en Europa, en el siglo pasado. Algunos trabajos científicos, pertenecientes a la década de 1930, ya establecen que los pozos deben estar alejados de fuentes potenciales de contaminación, a una distancia que permita que el agua subterránea tenga un tiempo de tránsito superior a los 50 días, para la erradicación de microorganismos patogénicos.
Los perímetros de protección de pozos (PPP) fueron aplicados inicialmente en algunos países europeos. En los EUA, solamente en 1986, con la promulgación de la Safe Drinking Water Act (SDWA), se estableció de forma oficial el uso del PPP en todos los estados norteamericanos. En la actualidad el PPP resulta la técnica de protección de acuíferos más utilizada en todo el mundo.
El cuadro 3 describe 9 métodos diferentes de PPP. El cuadro 4 muestra los datos requeridos normalmente, así como la complejidad de la información y recomendaciones de uso para distintos medios acuíferos, en zonificación con uso de PPP.
Cuadro 3. Diferentes métodos para definir los perímetros de protección de pozos (basado en USEPA, 1988)
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Cuadro 4. Datos normalmente necesarios para la definición de perímetros de protección de pozos (modificado de USEPA, 1991a)
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Problemas e incertidumbres en el trazado de perímetros de protección de pozos
La delimitación del PPP es el resultado, en última instancia, de la definición de la zona de captura del pozo (ZOC), o sea el área correspondiente por la contribución directa del pozo o manantial. El PPP se diferencia de la ZOC por ser un instrumento político. La ZOC es función última de las condicionantes hidrogeológicas y de los caudales de bombeo de los pozos o manantiales protegidos. Varios trabajos discuten la sensibilidad de los métodos para su trazado, sobre todo, en el sentido de las dificultades que puede causar la heterogeneidad de los acuíferos, sumada a la falta de información precisa. Entre estos autores se destacan: CLEARY (1992), quien discute las influencias del gradiente regional, la transmisividad, la anisotropía y la heterogeneidad de la conductividad hidráulica, la recarga inducida de los ríos y la porosidad efectiva. LEARNER (1992) detalla los efectos de la recarga por lluvias en las dimensiones de los PPP trazados en acuíferos libres y en condiciones de contornos peculiares. NRA (1991) y ADAMS et al. (en imprenta) definen las dificultades operativas asociadas a estos parámetros hidrogeológicos, mientras que FOSTER et al. (1988) discuten algunos problemas de la alta concentración de los perímetros de protección en áreas intensamente urbanizadas. Por su lado, USEPA (1991 a, b) discuten los PPP para situaciones de acuíferos fracturados y confinados, respectivamente.
Inciden en la delimitación de los PPP, los siguientes problemas:
La técnica más precisa para la determinación del PPP es, sin duda alguna, el método Numérico. Su mayor limitación es la carencia de datos hidrogeológicos y los altos costos involucrados. Ante esto resulta recomendable que para una primera aproximación sea utilizado el método de Cartografía de Flujo, conjugado con el de Flujo Uniforme. En estudios realizados en el Estado de São Paulo (HIRATA, 1994), la Cartografía de Flujo fue el método que resultó más eficaz, ante la existencia de incertidumbres sobre la hidráulica del acuífero,
Estrategias para la protección de los recursos hídricos subterráneos
Tanto la técnica del PPP como la de la cartografía de la vulnerabilidad de acuíferos deben estar insertadas dentro de un programa más amplio de protección de los recursos hídricos subterráneos. Este programa debe partir del reconocimiento de los acuíferos mediante el inventario de pozos y culminar en un programa de monitoreo cualitativo y cuantitativo que permita comprobar la efectividad de la estrategia adoptadas y suministrar más datos sobre el acuífero.
Por lo expuesto, tanto las técnicas del PPP como las de cartografía de la vulnerabilidad presentan limitaciones. Por lo tanto, se entiende que la actitud más realista y práctica sería la de integrar ambas líneas de procedimiento, mediante la aplicación de las siguientes directrices (figura 2):
Figura 2. Estrategias de protección del recurso hídrico subterráneo ante problemas de contaminación por fuentes antrópicas
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Administración del riesgo
La administración de riesgos consiste en el proceso de evaluar y escoger, entre las opciones existentes, aquella que mejor conviene al mantenimiento de la salud de una población, analizando los factores del medio físico, así como los económicos, sociales, políticos y legales.
Las incertidumbres asociadas a los estudios de evaluación de riesgos de contaminación de las aguas subterráneas son bastante serias y, entre sí, indisociables. Según REICHARD et al. (1990), hay tres fuentes de incertidumbre en una evaluación de riesgos:
- en los modelos matemáticos y teóricos de descripción de los procesos físico-químicos del comportamiento y el transporte de contaminantes, en la exposición humana y en la relación dosis-respuesta;
- en la incorporación de datos a estos modelos; y
- en las incertidumbres de las políticas de análisis de riesgos y en las decisiones que se han de tomar para controlarlos.
Aunque las incertidumbres causan grandes complicaciones en la evaluación y el manejo de los riesgos, muchos problemas pueden ser reducidos y controlados, si las causas de aquellas son entendidas y evaluadas.
Las alternativas en la administración de los riesgos son diversas y dependen del tipo de fuente existente (Figura. 2). En el caso de que la evaluación de peligro apunte hacia áreas/actividades que indiquen un índice elevado de contaminación potencial, se deben tomar tres medidas principales:
- reubicación de la actividad;
- reubicación de la fuente de abastecimiento;
- introducción de tecnologías alternativas en el proceso, en el tratamiento y/o en la disposición de contaminantes
Muchas actividades pueden ser diseñadas de manera eficiente, en el sentido de disminuir o eliminar la contaminación de las aguas subterráneas. Los cementerios pueden ser sustituidos por la cremación. Los sistemas de saneamiento in situ (fosas sépticas o negras) pueden ser modificados o completamente sustituidos por redes de alcantarillado.
Algunos autores han publicado tablas donde definen las actividades que pueden ser desarrolladas en zonas específicas de PPP o de vulnerabilidad de acuíferos (SELBY & SKINNER, 1978; SWA, 1985; FOSTER et al., 1992; HIRATA, 1993). Tales recomendaciones deben ser asimiladas con flexibilidad, y cada caso debe ser analizado tomando en cuenta la demanda actual y futura del acuífero, así como las posibilidades de fuentes alternativas (Cuadro 5).
Cuadro 5. Principales actividades permitidas y restringidas en cada una de las zonas del perímetro de protección de pozos y vulnerabilidad de acuífero (SELBY & SKINNER, 1978; SWA, 1985; FOSTER et al., 1992; HIRATA, 1993).
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En casos restringidos resulta aceptable la contaminación del acuífero, exigiéndose el tratamiento de sus aguas. Tal opción es razonable solamente después de realizar estudios de factibilidad económica sobre fuentes alternativas y la posibilidad de remediación (limpieza) del acuífero. Normalmente, donde la contaminación fue ya detectada (contaminación heredada o fuentes instaladas), una de las siguientes alternativas puede ser adoptada (Foster el al., 1992):
- aceptación de la contaminación del acuífero, buscando fuentes alternativas y garantizando la no-propagación de los penachos de contaminación (aplicación de barreras hidráulicas y/o físicas);
- tratamiento de las aguas del acuífero, después de su extracción.
En cualquiera de estas alternativas es importante, siempre que sea posible, la eliminación de la fuente de contaminación.
Resulta necesario distinguir entre la contaminación de las aguas subterráneas como recurso, o sea, la que afecta o puede afectar una población o un uso específico, de aquella en que la degradación termina afectando solamente porciones restringidas del acuífero, sin ofrecer exactamente un riesgo, ni tampoco un perjuicio económico. Se considera que el primer caso representa una situación grave (tratada hasta el momento en este texto), mientras que el segundo puede ser aceptado tras estudios previos. Un claro ejemplo es la contaminación del acuífero en la porción inmediatamente inferior a la actividad antrópica. Muchas veces el medio físico tiene condiciones para asimilar la carga aplicada. El permiso podría ser concedido siempre que la contaminación se restringiese al área de las actividades. La rigidez de la completa no-contaminación de las aguas subterráneas ha generado gastos excesivos, siendo aplicada, muchas veces, sin una priorización de las actividades o las áreas de mayor importancia.
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